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eduardo rivera

El proceso electoral del pasado seis de junio en el caso del Estado de Puebla y en especial los resultados que se obtuvieron en Puebla capital y los municipios de la zona conurbada, nos dejaron la sensación, de que, una vez más los poblanos a tres años de las elecciones de 2018, cambiaron radicalmente el sentido de su voto, después de apoyar en el tsunami que representó el triunfo de Andrés Manuel López Obrador a los candidatos de MORENA, ahora se inclinaron hacia los candidatos de la Coalición “Va por Puebla” integrada por el PRI, PAN Y PRD, dándoles su voto y el triunfo en los Municipios de Puebla, San Andrés y San Pedro Cholula, que concentran una parte muy importante del padrón electoral del Estado y que a futuro en el caso de llevar a cabo buenos gobiernos, pueden representar un virtual triunfo en la elección Municipal, estatal y federal del 2024, ya que cuentan con tres años para lograr convencer a los ciudadanos de que vuelvan a confiar en ellos y seguir siendo gobierno.

En el caso particular del Municipio de Puebla, en el que se alzó con el triunfo el panista Eduardo Rivera, fueron varios los factores que le favorecieron para contar con las preferencias electorales, entre ellos, la mala calificación que le dieron los poblanos al gobierno de Claudia Rivera, por los nulos resultados de su gestión, así como también, por el hecho de que no existía la percepción entre los ciudadanos, de que la ciudad mejorara y se vieran soluciones a los principales problemas que nos aquejan, como la inseguridad, la mala calidad de los servicios públicos, la falta de experiencia y eficiencia de los funcionarios que estuvieron en las áreas de atención ciudadana, los constantes cambios de los directores que originaron cierres de oficinas y un notable retraso en los trámites, los casos de nepotismo y corrupción en el manejo de las finanzas municipales, la falta de obra, el subejercicio presupuestal, que vino a demostrar que no existía una idea clara sobre la forma de atender las necesidades más apremiantes de la población, pretendiendo con ello demostrar honestidad, pero dejando a un lado la solución a los problemas de una ciudad, que día a día crece y requiere un gobierno que demuestre capacidad y conocimiento en la forma de gobernar.

Otro de los aspectos, que sin duda afectaron la calificación del Gobierno saliente, fue la mala relación y conflictos que tuvo con el Gobernador del Estado, lo que impidió se llevaran a cabo acciones conjuntas para hacer frente a los problemas de la ciudad, ya que continuamente hubo enfrentamientos y muy pocos acuerdos, lo que al final afectó a los ciudadanos, que lo único que pedían es orden y soluciones para incentivar el desarrollo de la capital.

Por todo lo anterior, resultaba difícil, que Claudia Rivera aún con el apoyo de MORENA, hubiera logrado reelegirse como Presidenta Municipal, ya que el juicio de los poblanos, es muy duro y la cultura y participación política ha venido creciendo en los últimos años, porque contamos con una población más crítica e informada.

Ante el panorama que se presenta para la capital a partir del 15 de octubre con la llegada de Eduardo Rivera quién tiene la gran ventaja de haber ocupado la Presidencia Municipal en el período 2011-2014 en los primeros tres años del Gobierno del extinto Rafael Moreno Valle, quién le dio más bien un trato como su subordinado y le impidió dar una cara propia a su administración, por la forma de imponer sus decisiones y controlando de diferentes formas las finanzas municipales; sin embargo hoy se le presenta la gran oportunidad de hacer un gobierno de avanzada, que por lo menos en los primeros días de su gestión, se vislumbra que contará con el apoyo del Gobernador Luis Miguel Barbosa Huerta, con quién le une una añeja amistad, desde que ambos fueron diputados en la Cámara baja y que a pesar de provenir de partidos antagónicos en la escena nacional, han declarado que trabajarán en forma coordinada para dar solución a problemas que requieren atención inmediata, como la inseguridad, el ambulantaje, los servicios públicos y la puesta en marcha de diversas obras que en tres años no se realizaron por la falta de acuerdos y diferencias entre ambos gobiernos.

Solamente el tiempo y las acciones que se vayan ejecutando en los siguientes meses, nos demostrarán si estas declaraciones se van a materializar o si de nueva cuenta, las diferencias políticas y los planes para las elecciones de 2024, impedirán que el entendimiento y el trabajo conjunto se queden nuevamente atrás y su administración quede en el olvido.

Me parece necesario que Eduardo Rivera, reflexione sobre los errores que cometió en su anterior administración, para no repetirlos, como el hecho de rodearse del mismo grupo de incondicionales por compromisos políticos y no por su trayectoria en la función pública, ser una administración excluyente que sólo se deba a su grupo político, sin abrirse a otras expresiones o corrientes de opinión, como pueden ser las Universidades públicas y privadas que pueden aportar mucho a su gestión, sobre todo en cuanto a los Consejos Ciudadanos y de participación, en los que muchos grupos pueden apoyar y trabajar en pro de la ciudad, sin banderas políticas.

Pero lo más importante, no repetir las viejas prácticas del nepotismo, compadrazgos en cuanto a la selección del personal, opacidad en el ejercicio del gasto público y solapar la corrupción que existe en diferentes áreas del Municipio y que a pesar de las denuncias ciudadanas, sigue siendo un grave problema en las administraciones.

Los retos que deberá afrontar son enormes, pero algo fundamental, es que tenga claro que los ciudadanos demandan a un Presidente de tres años que de soluciones y no a un precandidato en campaña, que desde ahora enfoque todas sus baterías para lograr alcanzar la gubernatura en el 2024, como algunos de sus críticos ya lo vislumbran.


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